C’est sont les oiseaux du Bonheur

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Cada mañana me despierto arropado por el canto de los pájaros junto al Tormes, «C’est sont les oiseaux du Bonheur” y empiezo a pensar en el día 1 de la Nueva Era por venir.

Tendré algo más de sobrepeso, algo mas de canas, las manos resecas de tanto jabón y alcohol, la mente aletargada y la mirada perdida…Hoy, una buena vecina ya me ha dicho que me veía encogido, que adónde había enterrado mi eterna sonrisa.

Tengo miles de lágrimas secas enterradas en mi pecho, tengo el alma triste y Sí, tengo miedo a ese día, a los encuentros añorados que se verán marcados por la distancia impuesta, en parte por leyes, en parte por el propio miedo. Temo que el miedo a la enfermedad y a la muerte nos haga olvidar el milagro y el don de la vida. Pero he escondido una sonrisa junto a un olmo, otra a la orilla del río, y otras muchas en cada uno de los bolsillos de los pantalones no usados en todo este tiempo.

El “confinamiento” -yo prefiero el término “retiro”- nos ha llevado a rescatar viejas costumbres: cocinar cada día, juntarnos a la mesa, tocar la guitarra, el piano, la pandereta, dibujar, coser, cantar, todo eso que con el “desarrollo” teníamos casi olvidado.

Hemos vuelto la mirada a nuestro círculo más íntimo y lo mejor: a nosotros mismos. Hemos descubierto con esfuerzo y paciencia -una gran mayoría- que nos gusta estar con los nuestros, con los que hemos podido pasar este tiempo, y con los que hemos echado de menos, y lo mejor, que nos gusta estar con nosotros mismos y escuchar esa voz que desde muy dentro nos habla a todos.

Las noticias de la actualidad, las improvisaciones caseras de profesionales de las artes y amateurs, las películas -antiguas y recientes, según las posibilidades de cada uno- han suplantado en las pantallas de muchos hogares a los partidos de fútbol. No he echado en falta los gritos y pitadas de los coches al final de los “grandes partidos”, que seguro muy pronto volverán. Tampoco nos hemos librado de los debates políticos. Los milagros, a diferencia de los males, resulta muy difícil que se den juntos.

Me conformaría con que la nueva tradición de aplaudir en los balcones cada día, a aquellos que dan lo mejor de sí por el bien de todos, se quedará para siempre; sino diaria, al menos semanal, o mensual, como un memorial de que el Gran Sacrificio de unos pocos, puede ser la Salvación de Todos.

Me alegraría que los padres siguieran pasando tiempo con sus hijos, y los hijos con sus padres; que los vecinos que han dejado de ser extraños, avancen en su relación de cercanía y colaboración mutua; que los amantes no desaprendieran que hay infinitas maneras de expresar el amor.

Quiero volver a ver la gente correr, a los niños gritar y saltar en los parques, a nuestros perros jugar juntos en libertad y a sus dueños compartiendo historias. No quiero perderme una sola de las escapadas al monte, y estrenar de una vez por todas mis patines.

Cada Pascua nos traerá una nueva gracia, es la eterna promesa que alienta a todo hombre de fe. No tengo claro si cuando todo pase, seremos mejores o peores que antes, pero seguro que no seremos los mismos.

6 comentarios sobre “C’est sont les oiseaux du Bonheur

  1. Vaya amigo poeta, ¡como tenías escondido tu talento! 🙂 Que hermosas, sencillas y verdaderas tus palavras. Seguro que volveremos a salir y a cantar y, ojalá, vivamos de otra manera. Espero poder abrazarte pronto. Cuídate. Besos.

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