
Cada mañana me despierto arropado por el canto de los pájaros junto al Tormes, «C’est sont les oiseaux du Bonheur” y empiezo a pensar en el día 1 de la Nueva Era por venir.
Tendré algo más de sobrepeso, algo mas de canas, las manos resecas de tanto jabón y alcohol, la mente aletargada y la mirada perdida…Hoy, una buena vecina ya me ha dicho que me veía encogido, que adónde había enterrado mi eterna sonrisa.







