
Cada mañana la misma rutina: despertar perezoso, paso rápido por la ducha, tazón de café y de camino, una manzana. Repaso a fotos, comentarios, correos, grupos de chat, temazo para empezar la jornada.
Nada fuera de lo habitual, salvo que hoy sus pasos no se detuvieron en la primera planta, donde las aulas… siguieron más arriba, mucho más.
En la azotea el aire era frío, pero algo más puro que a ras del suelo. Dejó a un lado su inseparable y enorme bolso rojo, abrió las alas y cumplió, por fin, su eterno deseo de volar… al menos una vez.