
2.
Al final de la larga y oscura mesa
más allá de los fríos cristales
entre escombros y deshechos
por encima de la piedra enmohecida
y enmarcado por una red de acero
allí, justo a mi izquierda
cercano y fiel como nadie
cada mañana te encuentro.
Las sombras han torcido tu esqueleto
el otoño se ha llevado tus ropas, tu piel, tus cabellos…
el frío te ha sumido en el silencio
pero el sol, desafiando nubes, cipreses,
montañas, edificios e inviernos
ha levantado tus caídos brazos
ha alimentado tus retoños tiernos
ha puesto sangre en tus sedientas venas
y hoy,
a pesar del hosco toldo,
los incidentes, las angustias y los sueños
oí tu voz, sentí tu latir sereno:
“ – Te perdono la inconstancia, la inseguridad,
ese atuendo siempre gris,
el oído sordo
y hasta el mismo desaliento;
pero tu pretendida soledad,
tus hombros caídos
y esos ojos marchitos y dispersos
eso, hermano mío,
eso no te lo consiento.
Mírame,
haz a un lado ese oscuro velo.
¿No te alcanzan el vigor y la vida de mis adentros?
Abandona ese triste circo
y a sus improvisados cirqueros.
Prepara tu equipaje
el destino está bien lejos
tendrás que cavar profundo
pero juntos llegaremos.
Quiero que bebas conmigo la sabia del universo.
Entonces,
si aún sigues confundido,
te dejaré ser el viento.”
Ángel, eres aún mejor con el verso que con la prosa, increíble, de verdad… Hermoso es decir muy poco. Enhorabuena!!!!
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Muchas gracias…Edu, mi único seguidor
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