
Hay momentos en nuestras vidas en los cuales el azar, destino o simplemente una poderosa e inexplicable fuerza hace que nos crucemos con lugares, objetos y sobre todo con seres vivos, que nos impactan de tal manera que acaban por trastornar todo nuestro universo: se reordena nuestra escala de valores, nos plantean nuevos retos, cambian nuestra visión del universo y de nosotros mismos…
Entonces comienza un camino -que en su inicio vemos como inevitable y definitivo- y avanzamos comprometidos y acompañados, hasta que el paso del tiempo nos lleva a encontrarnos nuevamente con la misma fuerza que nos puso en marcha; solo que está vez, nos plantea una nueva encrucijada y debemos ineludiblemente, o eso creemos en ese momento, cambiar de rumbo…otra vez.
Seguimos adelante…Con esfuerzo y empeño vamos alcanzando metas y sueños. Conseguimos sentirnos realizados y hasta felices…Hasta que un día, nos damos cuenta que ese ser, que en su día puso todo patas arriba, ya no es parte de nuestro día a día, no solo no está, sino que nunca se ha ido del todo. Su ausencia nos ha marcado, porque lo que realmente nos importa nunca se marchará del todo.
Nos viene entonces la pregunta: “¿Y si…?” Dicho de otra manera, ¿y si hubiésemos tomado otro rumbo? ¿y si hubiésemos seguido el camino juntos, hacia un mismo lugar, hacia una misma meta? ¿Y si no te hubieras ido?
Puede que los sueños se cumplan, que alcancemos la añorada felicidad y nos realicemos en todos los aspectos importantes de nuestra existencia; pero hay una realidad de la que no podremos escapar, ese SER, aquel que cambió nuestra vida para siempre, ya no camina con nosotros, hace mucho que no está, que no se escucha su voz, ni su risa, que no nos ilumina el camino el brillo de su mirada…
La pregunta más importante de nuestra vida -a mi modo de verla hoy- no es dónde estoy o qué he alcanzado, la pregunta que realmente me inquieta es ¿quiénes me acompañan? Porque al final, la vida no es más que eso, un camino, con principio y fin, y lo que realmente cuenta son el trayecto y los caminantes.
En la escena final de La La Land -perdonad el spoiler- se reencuentran los amantes tras el paso del tiempo. No dicen nada, solo un cruce de miradas, miradas que vienen a decir algo como: – Sí, soy feliz, he alcanzado mi sueño, estoy realizad@ y satisfech@ con lo que tengo, pero tú no te has ido nunca, tu ausencia siempre me acompañará. ..
Llamadme cursi, pero yo le habría puesto como canción final a la peli el temazo: I will allways love you –al menos para el pase de créditos- a la peli y a la vida misma. Que disfrutéis del taquillazo de este domingo en TVE a las 22.00 y no dejemos de andar…en buena compañía.