Llevo días recordando, tanto dormido como despierto, un par de figurillas de porcelana que adornaban un robusto mueble de caoba en la vieja casa de mi querida Guanchi, donde transcurrió parte de mi infancia.
Se trataba de una Julieta y un Romeo, muy muy antiguos, no es que fueran piezas únicas, ni mucho menos, lo que me hace recordarlas es el hecho de que el Romeo, estaba algo roto y maltraído, al punto de que su cabeza estaba sujeta por un aplique de papel enrollado que cual arteria aórtica la mantenía, a duras penas, unida a su cuerpo.
