Lo Uno y lo Múltiple



He buscado explicación física, he intentado con remedios químicos y hasta he probado soluciones religiosas y ascéticas, todo en vano…Todos se van, y el espacio-tiempo me sobreviene inútil y estéril, como una masa inerte que he de arrastrar mientras dura su ausencia.
Pero luego regresan, y vuelvo a notar el flujo vital en las venas, recobro el sueño, el apetito, el dolor de espalda, en una palabra: La Vida, suspendida tras su partida.
Al final nada nos deja, ni nos abandona… NADA.
Todo lo que  realmente hemos amado y nos importa, permanece para siempre con nosotros.
Sin quererlo, mi unidad ha cedido su cetro a un todo, un todo cuando menos extraño y curioso, pero un todo al fin y al cabo: lleno de belleza en su imperfección, de armonía en su perenne conflicto, de eternidad en su esencia, y ser parte de él es hoy por hoy la sal de mi existencia.

Mirando al mar



 

– ¿Sabes, Nûr?
En la otra orilla, hace ya mucho tiempo,
vivía un niño que cuando estaba triste y solo,
cerraba sus ojillos y soñaba que llegaría un día
en el que sentado frente al mar,
te abrazaría y te contaría sus sueños.

 

Cantares del Viento

Es verdad que estoy triste, pero tengo
sembrada una sonrisa en el tomillo,
otra la escondí en Saturno
y he perdido la otra no sé dónde.
(Emilio Ballagas, Nocturno y elegía)
No fui yo
–quien con cálido y húmedo aliento–
vistió de primavera mi eterno invierno.
Fuiste tú la marea, el huracán, el fuego…
Yo sólo arena, palmera, leño.
Me creí con fuerzas,
atravesé el océano,
alcancé a ver la orilla.
Pero pronto se hizo noche,
cesó el canto de las olas,
me cubrieron el frío, la oscuridad, el silencio.
¡Ya no quiero mis alas!
¿De qué me sirve ya el cielo?
Si no puedo tenerte,
entonces…
¡Déjame ser el viento!